Te siento recorrer todo mi cuerpo, mi
ser, mi alma.
Trato de huir, pero siento que no puedo
correr más. Mis piernas ya no pueden mantenerse en pie.
Eres muy rápido. Me descuido un instante
y me invades por completo.
Tengo miedo.
Te tengo tanto miedo.
El cansancio me está acabando.
Ya te siento como una parte de mí, y eso
me da tanto miedo.
Siento que te vas fusionando con cada
parte de mi cuerpo, de mi ser. De mi dañada y casi inexistente alma.
Me siento fría. Tengo miedo. Sé que eres
tú.
Tú me haces esto.
Pero, de verdad ya no puedo más. Estoy
tan dolida. Tan perdida. Tan ida.
Ya eres una parte de mí, y no tienes la
menor idea del miedo que eso me causa.
Estás cambiando cada parte de mí.
No me reconozco.
Lo juro, yo no era así.
Pero llegaste tú. Traté de huir, de
verdad que lo hice. Pero, ¡oh, Dios! Eres muy fuerte
Con cada día que pasó te fuiste
fusionando con cada una de mis
células.
Ahora mi alma se siente fría, oscura.
Perdida...
Y no sabes el miedo que me da el no
sabes si hay marcha atrás.
Y, ¡oh Dios! Ya no hay lugar al que
pueda huir.
El odio es fuerte, poderoso, tanto que
no tienes idea. Con un solo pensamiento que tengas de él, podrá tener un lugar
en tu alma. Y si le das la espalda y te descuidas, te invade por completo.
Te vuelves una parte de él, o él se
vuelve una parte de ti. Sea como sea, no hay marcha atrás con ello.
Me siento fría, perdida.
Tengo miedo, tanto miedo.
Esta no soy yo. Me miro en el espejo y
ya no me reconozco. Creo que eso es lo que más miedo me da. El no reconocer lo
que un día fui.
Me siento perdida.
Fría. Oscura.
Ésta no soy yo.
Pero gracias a él, ahora lo soy.
Y ya no hay marcha atrás.
Y ya no hay marcha atrás.
Por más que me duela.
Ésta es mi nuevo yo.
Alguien fría, perdida en sí misma.
Alguien ida, alguien corroída por el
odio.
Alguien fría.
Alguien que no soy
yo.
Un ser de alma oscura y alas cortadas.
Un ser de alma oscura y alas cortadas.