jueves, 16 de junio de 2016

¿Dejando el pasado atrás? Quizá: “El día en el que te conocí y perdí”.

Un día como cualquiera, la felicidad estaba en el aire, las risas se escuchaban por doquier. Yo no esperaba algo importante para ese día, pensé que sería como cualquier otro, sonrisas falsas y abrazos forzados.

Pero, llegaste tú, al principio no te presté atención, o eso me digo yo. Pero estabas ahí, presente.

Nos presentaron, me diste la mano, algo normal, y lo dejé pasar.

Un poco más tarde, salí a la noche, el cielo estaba oscuro, nada brillaba en él, pero la inminente brisa, lo compensaba.

Me senté junto a ti, te hablé, escuché tu voz, suave, pero a la vez fuerte; tersa, pero a la vez áspera. Acariciabas cada sílaba con tus labios. Me contaste que tú también deliras, quiero decir, que tú también escribes; creo que eso hizo que me fijara más en ti. Me contaste sobre tu vida, te conocí un poco, aunque quería conocerte más. Te hablé de mí, y de verdad parecía que te importaba.

Y llegó ese momento, tan simple, tan tonto, un momento en el que me hablaste tan profundo, con tanta delicadeza, que ¡oh, Dios!, hizo temblar mi mundo. Quizás para ti no fue nada, pero para mí lo fue todo.

Me mirabas, me sonreías, te fijaste en mí, aunque sea un poco.

Estaba tan abstraída por ti, mi mente volaba; era una niña en ese momento; temblaba por dentro, y por fuera también, mis manos eran la prueba. Esta tan perdida en ti.

El tiempo pasó volando, la noche estaba en su clímax, en donde todo era más puro, más perfecto, donde la luna dominaba el camino, donde el sol ya no tenía un lugar.

Y, a pesar de no quererlo y de no poder evitarlo, me tocó despedirme de ti. Te sonreí, me diste la mano y un beso en la mejilla, y me dijiste “fue un gusto conocerte”, y yo saltaba por dentro, porque el gusto total y completamente fue mío.  

Porque en tan solo dos horas te convertiste en alguien sumamente difícil de olvidar y casi imposible de volver a conocer. Porque gracias a ti, los hombres ya no son iguales para mí, y porque gracias a ti, volví a escribir. Así que, gracias totales, por aparecer en mi vida, fugaz, pero dejando huellas.

Y, ahora me toca decirte adiós con este escrito, cerrar un ciclo y pasar la página, porque eres de esos que son difíciles de alcanzar, de superar, pero aún más, de olvidar.

Así que, adiós, y gracias por ese día, que pasó de ser “nada” a serlo “todo”.

Adiós, ser libre de alas plegadas.

Adiós, luchador constante.

Adiós, poeta y amante anhelante.

Adiós a ti... 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario