Si
notaras cómo la miras, cómo suspiraras cuando ella está cerca, cómo te cambia
la respiración cuando te habla. Tus ojos brillan hasta parecer dos luciérnagas.
Escribes una canción con tus suspiros y los latidos de tu corazón van al compás
con los de ella. Sonríes inconscientemente cuando la ves caminar, tu sonrisa
crece un poco más con cada sacudida de su cuerpo, hasta que llega a ti. No puedes
esconder esa sonrisa de perdido enamorado que tienes, ella es tu felicidad, tu
día a día.
Si
notaras tus ojos cuando te habla, así no la estés mirando ellos tiemblan, bailan
una danza en su honor, reconocen a la dueña de tus lágrimas, de tus sueños.
Si
escucharas la forma en cómo le hablas, en cómo dices su nombre, lo dices en susurros,
eso es; haces de su nombre una nana, lo pronuncias tan bajo como si decirlo más
fuerte la hiciera desaparecer, tan bajo, tan lento, tan suave, lo acaricias.
Si
vieras como te tiemblan las manos al tocarla, con miedo a dañarla, la acaricias
tan pausadamente, para que cada pequeña parte de su cara quede grabada en tu
mente, para ser conocedor de cada pequeña perfección e imperfección. La tocas
como si fuera de cristal, como si fuera seda.
Lento,
suave, tierno; la disfrutas con temor a perderla, como un buen perdido
enamorado.
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