jueves, 4 de agosto de 2016

A veces.

Lo acepto, a veces te pienso. No lo niego.

A veces, tu nombre me viene a la cabeza, sin yo quererlo.

A veces te imagino; a veces, hasta siento que te respiro. Te siento muy cerca de mí, aunque no lo quiera.

A veces, me gustaría saber lo que piensas sobre mí. Pero, luego recuerdo que no tú no recuerdas casi nada sobre mí, y que, lo más seguro es que, ni pienses en mí.

A veces, la mayoría de las veces, quisiera cerrar los ojos y al abrirlos, estar a tu lado.

A veces, desearía tener un giratiempos, y así poder volver a vivir el momento en el que te conocí.    

Desearía haber aprovechado más el poco tiempo que pasé junto a ti, haberte preguntado tu color favorito, tu animal preferido, si te gusta el olor de un libro nuevo. Si piensas que las estrellas son el reflejo de las almas de aquellas personas que ya no están con nosotros.

Preguntarte si te gusta bailar en la lluvia, o si te dan miedo las tormentas. Me gustaría haberte preguntado tantas cosas, cariño. Tantas.

Pero sé, que si todas esas preguntas hubiesen sido formuladas, quizás las cosas habrían tomado un camino muy diferente.

Quizás te hubieses interesado en mí, o quizás no.

Lamento mucho haber perdido el tiempo, amor, lo lamento tanto.

Pero mi parte racional le dice a la egoísta, que no, que es mentira. No lo lamento, porque  entonces ciertas cosas que pasaron no lo hubiesen hecho. Y eso, cariño, estaba más que destinado a pasar.

Pero no sé, hay momentos en los que mi mente comienza a desvariar, y te piensa. Piensa en todo eso que he dicho.

Justo ahora me gustaría estar a tu lado, que pudieras ver como trato de expresar todo lo que todavía me haces sentir. Me gustaría que pudieras escribir junto a mí, darle vida a mil historias. O solo me gustaría estar a tu lado para poder abrazarte, y poder ayudarte a drenar un poco el dolor que en estos momentos te agobia.

A veces, te pienso y me haces crear versos.

A veces, te imagino. Imagino tus ojos color café. Tus labios rojos. Tu cabello azabache. Tu piel canela. Tu sonrisa picara.

Sí, a veces te imagino, porque ha pasado tanto tiempo desde nuestro encuentro, que ya no te recuerdo como quisiera.

Pero, cariño.

Tu voz, aún la recuerdo.

Tu aroma, aún lo anhelo.

Tu piel, oh, amor; aún la siento.

Tu alma, tu corazón, oh, cariño; aún los tengo.

¿Huir es una opción?

Tu voz, tu forma de hablar.

Tu escritura, tu humildad.

De todo eso tengo que huir. Pero aún no sé si esa sea una opción.

Tengo que huir, porque ya sufrí una vez de esta manera. Y, es algo todavía no superado.

Así que, me toca huir. Huir mientras la razón y el corazón me lo permitan.

Por lo que, por favor, no me tientes más. No me hables más.

Porque siento que tu voz me atrapa, y tengo miedo de no poder escapar de ella.

Tengo miedo de ti.

De tus versos, de tu voz.

Así que, huyo mientras pueda.

De ti.

De tu voz.

De tus versos.

De ti, poeta aún no descubierto.

De ti, escritor humilde y generoso.

Sólo, de ti.

Pero, todavía no sé si huir es una opción cuando se trata de ti.

viernes, 1 de julio de 2016

¿Odio?

Te siento recorrer todo mi cuerpo, mi ser, mi alma.

Trato de huir, pero siento que no puedo correr más. Mis piernas ya no pueden mantenerse en pie.

Eres muy rápido. Me descuido un instante y me invades por completo.

Tengo miedo. 

Te tengo tanto miedo.

El cansancio me está acabando.

Ya te siento como una parte de mí, y eso me da tanto miedo.    

Siento que te vas fusionando con cada parte de mi cuerpo, de mi ser. De mi dañada y casi inexistente alma.

Me siento fría. Tengo miedo. Sé que eres tú.

Tú me haces esto.

Pero, de verdad ya no puedo más. Estoy tan dolida. Tan perdida. Tan ida.

Ya eres una parte de mí, y no tienes la menor idea del miedo que eso me causa.

Estás cambiando cada parte de mí.  No me reconozco.

Lo juro, yo no era así.

Pero llegaste tú. Traté de huir, de verdad que lo hice. Pero, ¡oh, Dios!  Eres muy fuerte

Con cada día que pasó te fuiste fusionando con cada una de mis células.                       

Ahora mi alma se siente fría, oscura. Perdida...

Y no sabes el miedo que me da el no sabes si hay marcha atrás.

Y, ¡oh Dios! Ya no hay lugar al que pueda huir.

El odio es fuerte, poderoso, tanto que no tienes idea. Con un solo pensamiento que tengas de él, podrá tener un lugar en tu alma. Y si le das la espalda y te descuidas, te invade por completo.

Te vuelves una parte de él, o él se vuelve una parte de ti. Sea como sea, no hay marcha atrás con ello.

Me siento fría, perdida.

Tengo miedo, tanto miedo.

Esta no soy yo. Me miro en el espejo y ya no me reconozco. Creo que eso es lo que más miedo me da. El no reconocer lo que un día fui.

Me siento perdida.   

Fría. Oscura.

Ésta no soy yo.

Pero gracias a él, ahora lo soy.

Y ya no hay marcha atrás.

Por más que me duela.

Ésta es mi nuevo yo.       

Alguien fría, perdida en sí misma.

Alguien ida, alguien corroída por el odio.

Alguien fría.

Alguien que no soy yo.

Un ser de alma oscura y alas cortadas.

jueves, 16 de junio de 2016

¿Dejando el pasado atrás? Quizá: “El día en el que te conocí y perdí”.

Un día como cualquiera, la felicidad estaba en el aire, las risas se escuchaban por doquier. Yo no esperaba algo importante para ese día, pensé que sería como cualquier otro, sonrisas falsas y abrazos forzados.

Pero, llegaste tú, al principio no te presté atención, o eso me digo yo. Pero estabas ahí, presente.

Nos presentaron, me diste la mano, algo normal, y lo dejé pasar.

Un poco más tarde, salí a la noche, el cielo estaba oscuro, nada brillaba en él, pero la inminente brisa, lo compensaba.

Me senté junto a ti, te hablé, escuché tu voz, suave, pero a la vez fuerte; tersa, pero a la vez áspera. Acariciabas cada sílaba con tus labios. Me contaste que tú también deliras, quiero decir, que tú también escribes; creo que eso hizo que me fijara más en ti. Me contaste sobre tu vida, te conocí un poco, aunque quería conocerte más. Te hablé de mí, y de verdad parecía que te importaba.

Y llegó ese momento, tan simple, tan tonto, un momento en el que me hablaste tan profundo, con tanta delicadeza, que ¡oh, Dios!, hizo temblar mi mundo. Quizás para ti no fue nada, pero para mí lo fue todo.

Me mirabas, me sonreías, te fijaste en mí, aunque sea un poco.

Estaba tan abstraída por ti, mi mente volaba; era una niña en ese momento; temblaba por dentro, y por fuera también, mis manos eran la prueba. Esta tan perdida en ti.

El tiempo pasó volando, la noche estaba en su clímax, en donde todo era más puro, más perfecto, donde la luna dominaba el camino, donde el sol ya no tenía un lugar.

Y, a pesar de no quererlo y de no poder evitarlo, me tocó despedirme de ti. Te sonreí, me diste la mano y un beso en la mejilla, y me dijiste “fue un gusto conocerte”, y yo saltaba por dentro, porque el gusto total y completamente fue mío.  

Porque en tan solo dos horas te convertiste en alguien sumamente difícil de olvidar y casi imposible de volver a conocer. Porque gracias a ti, los hombres ya no son iguales para mí, y porque gracias a ti, volví a escribir. Así que, gracias totales, por aparecer en mi vida, fugaz, pero dejando huellas.

Y, ahora me toca decirte adiós con este escrito, cerrar un ciclo y pasar la página, porque eres de esos que son difíciles de alcanzar, de superar, pero aún más, de olvidar.

Así que, adiós, y gracias por ese día, que pasó de ser “nada” a serlo “todo”.

Adiós, ser libre de alas plegadas.

Adiós, luchador constante.

Adiós, poeta y amante anhelante.

Adiós a ti... 

jueves, 28 de abril de 2016

¿Te vas?

¿Te vas? Dejándome perdida, pero aún así, te vas.

Me dejas sola, con mis tristezas, con mis dolores y esperanzas, pero nada de eso te importa. No miras hacia atrás, simplemente… te vas. Emprendes tu camino, dando un paso y luego otro, dejándome atrás.

Solamente ayer estabas junto a mí, abrazándome, besándome, curando mis heridas, alegrando mi vida. Y ahora no entiendo, te vas, así como si nada, como si solo fuera borrar una pizarra dejarla en blanco, y así comenzar de nuevo.

Y no entiendo, cariño, no entiendo. Explícame, te lo pido. Te estás llevando gran parte de mi vida junto a ti, y tú ni una nota de despedida estás dejando. 

Me siento vacía, perdida, sin rumbo. Tú eras mi mapa, tú eras el que me enseñaba el camino en este laberinto que es mi vida. Tú eras mi lazarillo entre tanta niebla. Y aún así, de repente, te vas. Dejándome atrás. 

Justo hace dos meses me juraste amor frente a todos nuestros amigos, me dijiste que siempre estarías conmigo, que ni el cielo ni, el infierno nos separarían, que seriamos invencibles, amor. Me prometiste que siempre me abrazarías cuando llorara al ver una de esas películas cursis que tanto me gustan, y que tú detestas. Me prometiste arroparme aquellas noches en las que me quedara dormida por el agotamiento, después de un largo día de trabajo.

Me prometiste cepillar mi cabello aquellos días en los que la pereza me ganara, y dejara que mi cabello pareciera un nidito para pájaros.

Me dijiste que me besarías cada vez que llorara al ver alguna injusticia sobre animales en la televisión.

Me prometiste envejecer a mi lado, y, que sin importar mi edad, me complacerías al comprarme esos libros cursis y subidos de tono que leo hasta altas horas de la noche. 

Me prometiste un zoológico en nuestro hogar, porque sabes que cada vez que veo un animal abandonado en la calle, lo quiero salvar y volverlo parte de nuestra familia.

Me prometiste una vida increíble junto a ti, una vida que jamás imaginé, y que jamás pensé que podría llegar a querer y tener.

Y de repente, de un momento para otro, te vas. 

Te esperaba en nuestra casa, con la cena preparada, una mesa muy arreglada, y noticias buenas para contarte. Te esperaba para decirte que un ocho meses un nuevo ser llegaría a nuestra vida, un nuevo ser que te diría “papá”, te esperaba para decirte que uno de nuestros tantos sueños estaba en proceso, que ya tenías un nuevo ser al cual escribirle una nueva lista de promesas.

Pero maldita sea, no llegaste.

Entre un respiro y otro, te vas. Entre la carretera resbalosa y llena de nieve, la noche oscura, tu cansancio por el trabajo, un conductor tomado, un fuerte impacto y una gran lucha por sobrevivir, te fuiste.

Te alejaste de mi lado. Te vi en la mañana, me diste un beso antes de irte al trabajo, quién diría que sería el último que me darías. Porque ya no estás. Te fuiste y me dejaste con un mar de dolor, de promesas, y un nuevo ser habitando en mí.

Estoy perdida, sola. Te fuiste.

Te vas, amor, te vas, sin despedirte. 

Te fuiste, amor. Me dejaste sola, perdida.

¿De verdad te vas amor?

¡Oh, Dios, te fuiste! Me dejaste, amor, me dejaste sola…        

martes, 8 de diciembre de 2015

Tú.


Pensé que lo tenía todo en orden, que mis pensamientos estaban bajo control. 

Pero no, no creo que nunca lo lleguen a estar con lo que se refiere a ti. 

Eres único, eres hermoso, eres valiente, cariñoso, inteligente, realista, libre. Eres tú. Una sonrisa, una risa, eres vida, eres aire. Eres tú. Eres mi siempre.

Pensé que ya nada de eso rondaba por mi mente, pero... supongo que no, supongo que pasar tanto tiempo contigo lo trajo a la superficie. 

Es tu mirada, tu sonrisa, tu voz, tu piel, tu olor, tu sentido del humor, tu amabilidad, es tu forma de mirarme, o eso creo. 

Es la forma en como me tratas, como me hablas, en como tocas mi pelo, es tu obsesión por jugar con mis orejas. Es la forma en la que me abrazas, que pareciera que nos quisieras fusionar, esos abrazos que me hacen sentir viva. 
 
Supongo, que simplemente eres tú. 

Es tu forma de ser. 

Esa forma de ser que me hacer pensar e imaginar cosas, momentos, realidades alternas, que no son buenas para mi cordura. Me haces pensar en un futuro imposible. 

Pero, supongo que más imposible es no pensarlas, porque tendrías que dejar de ser tú.

Un ser libre, valiente, hermoso. Simplemente, tú.

domingo, 30 de agosto de 2015

¿Libre?

Hoy, he decidido dejarte libre. Por mi bien, tengo que olvidarte.

Decido dejarte libre para que sigas siendo tú, libre, pensador anhelante, soñador, amante, poeta, no creyente.

Te dejo libre, porque ya no quiero hacerme daño, porque tenerte en mi mente me tortura.

Así que, te dejo libre, libre de mis pensamientos, libre de mis molestias, de mis conversaciones forzadas, de mis escritos cargados de esperanzas y con aires de grandeza.

Te dejo libre de mis atosigamientos, de mis saludos y mis palabras tontas. 

Sé libre de mí, de mis intentos por tratar de ser alguien en tu vida, de mí tratando de entenderte, de agradarte.

Sé libre de mis sueños, de mis esperanzas.

Sé libre de mí, aunque nunca te tuve. Porque yo, libre de ti, no lo seré nunca.